Si estás leyendo esto, probablemente acabas de sobrevivir a los exámenes finales de mayo/abril de 2º de Bachillerato. Respira. Ya ha pasado. O eso crees, hasta que te ponen delante el dichoso portal de preinscripción universitaria.
Elegir carrera es un agobio brutal. Nos venden la moto de que a los 17 o 18 años tienes que sentir una «vocación divina» y tener clarísimo a lo que quieres dedicarte o especializarte. Spoiler: casi nadie lo sabe y es completamente normal. Yo mismo estuve ahí hace nada, comiéndome la cabeza con las notas de corte y el miedo a equivocarme de camino. Y ahora mírame, sobreviviendo a mi primer año de ADE y Derecho.
Si estás bloqueado porque no te llama nada especialmente, o si sientes que la nota de Selectividad (o EBAU, o como le llamen ahora) no te va a dar para lo que creías que querías, tranquilo. Vamos a desmontar el drama de elegir grado con un par de consejos reales, de estudiante a estudiante. Sin presiones.
Plasma tus ralladas en papel
Cuando terminas Bachillerato, tu mente es una olla a presión. A nuestra cabeza le encanta dar vueltas sobre lo mismo, sobre todo de madrugada. Que si la nota de Selectividad no me va a dar, que si me voy a arrepentir de la decisión, que si a lo mejor debería tirar por otra rama completamente distinta… Corta ese bucle ya. Mi primer consejo es básico pero salva vidas: escríbelo absolutamente todo. Coge un folio en blanco, una libreta vieja o abre las notas del móvil y vomita ahí todo lo que piensas.
Visualizar tus dudas es mil veces más efectivo que dejarlas rebotando en el cerebro para que luego se te olviden, te frustren y vuelvan a aparecer al día siguiente. Además, cuando se acerque la temida fecha límite de la preinscripción y te entre el ataque de pánico de última hora por darle al botón de enviar, vas a tener algo tangible a lo que recurrir. Leer tus propios pensamientos en frío, ordenados sobre el papel, te ayudará a centrarte y a no tomar decisiones impulsivas fruto del estrés del momento. Es como dejarte un mapa a tu «yo» del futuro.
El juego del «porqué sí» y el «porqué no»
Una vez que tienes el papel delante y te has desahogado, toca ser brutalmente honesto contigo mismo. Coge esa carrera que te ronda la cabeza (o esas tres o cuatro entre las que estás dudando) y haz dos columnas clásicas. En la primera, pregúntate: ¿Por qué sí me metería aquí? Y oye, vale poner cosas como «porque aunque sea me gusta un mínimo» o, seamos totalmente sinceros, «porque me lo han recomendado mis padres y parece que tiene muchas salidas».
Pero luego viene lo verdaderamente importante, tienes que rellenar el «porqué no». Quizás no te ves dedicándote a eso toda la vida en una oficina, o a lo mejor la facultad te pilla a tres horas en transporte público y sabes que vas a acabar reventado. Poner sobre la mesa las razones reales, por absurdas, vagas o superficiales que te parezcan, te va a quitar muchísima presión de encima. Te darás cuenta de que, a veces, nos dejamos llevar por inercias o expectativas de otros. El primer paso para no equivocarse es saber de dónde vienen exactamente tus motivos.
Mi caso real: elegir por presión y los giros de guion
Os voy a contar un secreto que no mucha gente admite. Yo no tuve una iluminación divina para meterme al Doble Grado que estoy cursando. De hecho, yo quería hacer ADE y Marketing. Veía ahí mi futuro, creando proyectos digitales desde cero (como este mismo blog, que entre tú y yo, lo estoy montando no solo para divulgar, sino como un proyecto a futuro para tener algo potente que añadir a mi currículum cuando me toque buscar curro).
Pero la vida, las notas de corte y esa famosa «presión» invisible del entorno familiar y social me empujaron hacia ADE y Derecho. Entré pensando que me iba a comer los manuales de leyes con patatas y que lo mío iban a ser solo los números. ¿Y sabes qué? De hecho, justo vengo de pelearme con los números porque he tenido el examen de economía financiera hoy mismo, y te digo que, contra todo pronóstico, me está gustando más la rama de Derecho que la de ADE. La vida da unas vueltas que no te esperas, y a veces esos desvíos forzados acaban encajando a la perfección.
Cagarla está permitido (Tu futuro sigue intacto)
Quítate ya de encima la idea de que la preinscripción universitaria es un contrato firmado con sangre. Tenemos la manía de pensar que una mala decisión a los 18 años nos va a arruinar el futuro para siempre y nos va a condenar de por vida. Mentira. Cagarla al elegir carrera está totalmente permitido, y te prometo que no pasa absolutamente nada.
Si entras en septiembre, te tiras un cuatrimestre aguantando clases y ves que eso no hay por dónde cogerlo, te cambias. Hay muchísima gente que lo hace cada año. Convalidas las asignaturas que se puedan, aprendes de la experiencia y a otra cosa. Tenemos muchísimo tiempo para retractarnos y probar opciones nuevas. Elegir mal una carrera no significa que te vayas a joder la vida de forma irremediable, solo significa que has descartado una vía y ahora estás más cerca de encontrar la tuya real. La universidad es una etapa para probar y equivocarse, no una cárcel. Elige con la cabeza, pero sin ese miedo paralizante a fastidiarla.
El tiempo no se pierde (y los plazos tampoco)
Sé que todo esto suena a la típica charla de hermano mayor y que es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Pero, a nivel personal, me ha salvado la vida empezar a ver el lado útil de todas las experiencias, tanto de las que salen a la primera como de las que se tuercen.
Si entras a una carrera, te das cuenta de que no es lo tuyo y decides dar el salto a otra, hazlo sin mirar atrás y sin miedo. Quítate de la cabeza esa tontería de que has «perdido» cuatro meses o un año entero de tu vida. Eso es una mentira enorme. Lo que has hecho es invertir ese tiempo en descubrir qué es lo que NO quieres hacer, y eso ya es un paso de gigante. Además, te aseguro que por el camino te habrás llevado alguna asignatura, algún amigo o alguna lección que te acabará sirviendo más adelante.
Lo importante ahora mismo es no dejarse comer por el agobio. Respira y piensa las cosas con calma.
Eso sí, te dejo un consejo final de supervivencia básica: ponte mil alarmas con las fechas de preinscripción universitaria. Entre la euforia de haber terminado los exámenes y el viaje de fin de curso, se te va el santo al cielo. Te lo digo por pura experiencia, que a mí casi se me pasan los plazos por estar celebrando de viaje y el microinfarto no me lo quitó nadie.
Descansa, disfruta de tu verano y elige a tu ritmo. ¡Nos vemos por los pasillos de la facultad!
